Hay juegos que recuerdas por lo que hacías en ellos, y otros por cómo te hacían sentir. Tomb Raider es de los segundos. Esa primera hora, con Lara temblando, desorientada, intentando simplemente sobrevivir… cuesta olvidarla. Y lo curioso es que, incluso jugándolo hoy en el iPhone, esa sensación sigue intacta.
Tomb Raider (2013) llega a iOS como una adaptación directa del juego original de 2013, y lo hace sorprendentemente bien. No es una versión recortada ni una reinterpretación: es la misma aventura, con todo su peso narrativo y su progresión, ajustada para jugar en pantalla táctil.
La historia nos sitúa en una isla misteriosa donde Lara Croft queda atrapada tras un naufragio. Al principio, no es la heroína que todos conocemos. Es alguien que duda, que se asusta y que reacciona como cualquiera en una situación límite. Ver cómo evoluciona hacia una superviviente capaz de enfrentarse a todo es uno de los pilares del juego, aunque el cambio en ciertos momentos puede sentirse algo acelerado, sobre todo cuando pasa de su primera muerte a enfrentarse a grupos de enemigos sin apenas vacilar.
El combate funciona bien, especialmente cuando se apuesta por el sigilo. El arco es, sin duda, el arma más satisfactoria: silencioso, preciso y muy eficaz. De hecho, llega a sentirse más potente de lo que debería en comparación con otras opciones del arsenal. El problema aparece con el paso de las horas, cuando el juego empieza a abusar de los enfrentamientos. Hay muchos enemigos, y aunque algunos requieren enfoques distintos, la repetición termina pesando.
Aun así, el juego compensa con su estructura. No es completamente abierto, pero mezcla tramos lineales con zonas más amplias que puedes explorar y revisitar. Ahí es donde entra la progresión: ganar experiencia, mejorar armas y desbloquear habilidades mientras rebuscas recursos por el entorno. Todo encaja de forma natural y te anima a no ir siempre directo al siguiente objetivo.
Un punto especialmente interesante son las tumbas opcionales. Son pequeños desafíos centrados en puzles que recuperan el espíritu más clásico de Lara Croft. Funcionan bien, aunque se quedan un poco cortas. Te dejan con la sensación de que podrían haber sido más complejas o, al menos, más largas.
En cuanto a los controles, sorprenden. Para ser un juego de acción en 3D, la adaptación táctil está muy bien resuelta. Apuntar, moverse y ejecutar acciones se siente fluido, los eventos rápidos están simplificados y la interfaz se puede ajustar para no saturar la pantalla. Aun así, si tienes un mando, se nota la diferencia en comodidad.
Tomb Raider llega como un juego premium, con todo el contenido adicional incluido desde el primer momento. Sin micropagos ni interrupciones, algo que se agradece especialmente en móvil.
No es perfecto. Tiene combates repetitivos y algunas ideas que podrían haberse desarrollado más. Pero sigue siendo una experiencia muy sólida. Tanto si ya lo jugaste en su día como si es la primera vez, es de esos títulos que demuestran que el iPhone puede ofrecer algo más que partidas rápidas: también puede sostener una buena historia de principio a fin.
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