Hay juegos que usas para desconectar después de un día largo. Y luego están los que te obligan a quedarte en silencio cuando apagas la pantalla. INMOST pertenece claramente al segundo grupo.
Empieza de forma aparentemente sencilla: un anciano avanza por un mundo oscuro, hostil y lleno de obstáculos. No puede luchar. Solo moverse, esconderse, empujar objetos y seguir adelante como puede. Pero esa sensación de fragilidad no es un detalle más del gameplay, es el tono de todo lo que viene después.
Porque la historia no se cuenta de forma directa. De hecho, muchas veces ni siquiera sabes exactamente qué está pasando. La narrativa se rompe constantemente con saltos entre recuerdos, sueños o alucinaciones que te llevan a controlar a otros personajes.
Y ahí es donde todo empieza a encajar… o al menos a doler.
Una niña aparentemente abandonada, un hombre atrapado en su propio trauma y un caballero al servicio de algo oscuro. Cada uno tiene su propia forma de jugar, pero lo importante no es cómo se controlan, sino lo que representan. No son solo personajes: son piezas de algo mucho más personal.
El juego no te lo explica de forma clara, ni falta que hace. INMOST apuesta por lo simbólico, por dejar que el jugador ate los cabos. Y cuando lo haces, lo que encuentras no es cómodo.
Aquí no vienes por los puzles ni por la acción. Vienes —aunque no lo sepas al principio— por lo que transmite. Ansiedad, culpa, pérdida, esperanza… todo está ahí. Y se nota en cada detalle.
El apartado artístico es clave para conseguirlo. La iluminación, los sonidos ambientales, las animaciones… incluso los pequeños silencios están medidos para provocar una reacción. No busca ser espectacular, busca ser efectivo emocionalmente. Y lo consigue.
Eso sí, conviene tener claro a qué tipo de experiencia te enfrentas. No es un juego “divertido” en el sentido clásico. Es denso, a veces incómodo, y puede dejarte con más preguntas que respuestas.
En iPhone, puedes probar el primer capítulo gratis, y si decides seguir, desbloqueas el juego completo con un único pago. Es una de esas experiencias que no dependen de sistemas agresivos ni distracciones externas.
INMOST no es para todo el mundo. Pero si alguna vez has buscado un juego que vaya más allá de entretener y realmente te haga sentir algo, este es de los que merece la pena jugar… aunque no sea fácil hacerlo.
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